DIARIO DE RUTA EN NAMIBIA
Actualizado 2026
Namibia no es un país fácil para principiantes, pero tiene todo lo que un buen viajero busca. Es un país seguro y salvaje.
Éramos cuatro jabatas dispuestas a organizar y trabajar, y nuestra opción era ir por libre. No es un viaje que se pueda improvisar. Para acampar en el Parque Nacional Etosha hay que reservar con medio año de antelación. Hay que montar bien la ruta, puntos de abastecimiento y de acampada.
Empezaremos por el alquiler del pick-up:
- Preparar una o dos tarjetas visa con suficiente crédito, para pagar alquiler y fianza.
- Llegar con suficiente tiempo para revisar bien el vehículo antes de salir. En nuestro caso tuvimos que esperar a que cambiaran las 4 ruedas por otras nuevas, ya que las que tenía estaban muy gastadas. Nos costó tiempo hacer las comprobaciones de medida del dibujo de las ruedas para convencerles. Hay que tener en cuenta que bastante más de la mitad de los viajeros pinchan en el camino.
- Hacer fotos del vehículo sin olvidar ningún rincón. En nuestro caso nos salvó de pagar una abolladura que nos reclamaron al volver. Parecían dispuestos a encontrar algo que cobrarnos.
- Os aconsejo alquilar dos compresores en lugar de uno. Hay quien se ha encontrado con que le ha fallado el que llevaban y luego no puedes volver a inflar las ruedas al salir de zona de dunas. (Hay que deshinchar un poco las ruedas para conducir por el desierto). Añadir herramientas y dos ruedas de recambio.

- Equipamiento del vehículo:
- Pajareras con colchones, sacos y mantas para dormir. Es un buen plus si alguna noche no puedes alcanzar un campamento, ya que las distancias son enormes y es peligroso acampar en el suelo.
- Bidones para gasolina y para agua potable. Porque el jeep suele tener depósito de agua no potable, que hay que ir llenando siempre que se tenga oportunidad. Hay que prever que podemos pasar un máximo de una semana sin poder abastecernos de comida, bebida o gasolina.
- Mesa y sillas plegables.
- Menaje para comer y cocinar.
- Cocina de gas y posibilidad de hacer fuego.
- Nevera de gas. (que va conectada al motor cuando está en marcha)
Tener en cuenta que estos vehículos cuentan con dos depósitos de gasolina conectados entre sí. Como no te llenen los dos depósitos en la gasolinera, a veces hay que zarandear el coche para que la gasolina pase de un depósito al otro. Tal cual.
- Resto del equipo:
- Recomiendo coger bolsas de plástico bien grandes donde guardar las maletas o las mochilas durante los trayectos, ya que os garantizo que todo acabará lleno de una finísima capa de polvo que se cuela por todas las rendijas del coche. Aprenderéis a vivir y comer con polvo.
- Unos sacos finos de seda ocupan poco en el equipaje y evita dormir en contacto con mantas que han sido usadas muchas veces y nunca sabes si bien lavadas.
- Poner especial atención al calzado: Unas buenas botas de senderismo. Indispensables.
- Ojo, buenos anoraks. Puede hacer mucho frío por la noche.
Conducir en Namibia es fácil, aunque en muchos lugares tendrás que ir abriendo y cerrando vallas por el tema de los animales. No hay carreteras asfaltadas cuando te alejas de la capital, pero son pistas de tierra muy bien mantenidas y raro encontrase curvas, por lo que puedes recorrer grandes distancias en poco tiempo. Nuestros trayectos variaban entre los 300 y 600 km diarios.

El primer día, además del tiempo necesario para el alquiler del vehículo, hay que contar con el abastecimiento en un buen supermercado, además de llenar los bidones de gasolina y de agua. Hay que avituallarse mínimo para una semana. Es lo máximo que tardaremos en encontrar otro gran supermercado. Por ello recomiendo empezar pronto al día siguiente y aprovechar el día de llegada para visitar un poco la capital Windhoek (pronunciado Uintoc).
DÍA 1
El alojamiento para mochileros por excelencia siempre fue el Cardboard Box y lo siento por los que ya no van a tener la oportunidad de conocerlo. Hay poca opción de hostels, pero existen las opciones de Chameleon Backpackers o bien Paradise Garden Backpackers. Es fácil contratar con el alojamiento el servicio de recogida en el aeropuerto, que está a 40 km. Esta guía de viaje no contempla la variante de viajes organizados con alojamientos en Resorts, que aproximadamente cuadriplica el coste. Pero muchos de estos resorts ofrecen la posibilidad de ir a comer o tomar algo, aunque no estés allí alojado, lo que me vino muy bien una noche de tormenta de arena en el desierto, donde era imposible mantenerse al exterior sin llenarse la boca y los ojos de arena.
En el aeropuerto es fácil cambiar moneda y conseguir una tarjeta de teléfono.

Windhoek es una ciudad bastante tranquila para visitar, con lo que, siguiendo unas precauciones básicas de seguridad contra hurtos, no tiene por qué haber problemas. La primera noche probamos carne de gacela (springbok) para cenar.
DÍA 2
Recogimos el pickup en Ascocar hire a las 7,30 h. Salimos del taller a las 12 h.
Hay varios centros comerciales con hipermercados donde cargar víveres. Nosotros fuimos a estos dos:
- Pick’n pay, en Wernhil Shopping Mall
- Checkers, en Maerua Mall.
No olvidar proveerse en origen o en destino de un adaptador de corriente tipo D, de 3 clavijas.
Después de lidiar con el vehículo y las provisiones, a las 14 h salimos de Windhoek y comprobamos que no estábamos alucinando cuando vimos una jirafa vagando por los campos. Aprovechamos las horas de luz que nos quedaban para llegar a Mariental y acampar en River Chalets, ya que el Hardap Park está cerrado por reformas. Como estamos solas, nos plantamos en el césped cerca del edificio de los lavabos y fregaderos, para aprovechar su luz y su enchufe.
DÍA 3
Volvemos a madrugar. Los amaneceres en Namibia no tienen nada que envidiar a los atardeceres. A cada cual más bonito.
Tras tres horas de carretera totalmente recta hasta Keetmanshoop, evitando los monos baboons que cruzan por la carretera, llegamos a tiempo de visitar
- Giant’s Playground
- Quiver Tree Forest
- Y llegar a una granja de guepardos a su hora de comer, momento en los que puedes posar con ellos e incluso llegar a tocarlos, si te atreves. Acampamos en Keetmanshoop Cheetah Sanctuary.



Compramos leña para hacer fuego bajo un hermoso cielo estrellado. Los “dassies” (Rock hyrax) que brincan todo el día por todos lados, están ya durmiendo en sus madrigueras.

DÍA 4
Antes del amanecer ya hemos plegado las pajareras y nos ponemos en camino hacia Seeheim Hotel, una antigua estación de tren reformada, donde disfrutar de un recomendado desayuno rústico y de ambiente familiar que no resultó tal, debido al mal carácter de la mujer blanca que lo regentaba, así como de su perro. (Y no soy la única reseña de este tipo) El hotel parece agradable por fuera, pero el comedor es tétrico, el desayuno penoso y el precio caro. Esperemos que a estas alturas haya cambiado.

Llegamos a Goageb con los dos depósitos de gasolina casi agotados, para encontrar la gasolinera abandonada. Cogemos la C-14 en dirección Bethanie para poner gasolina, donde aprovechamos que hay supermercado y en la calle venden frutas y tomates, además de tener central de correos y Coffee shop. Por cierto, aquí se encuentra el edificio más antiguo de Namibia, una iglesia de 1899.
Paramos a fotografiar caballos salvajes al lado de la carretera.
En Betta rellenamos el segundo depósito de gasolina, que se habían olvidado en la anterior gasolinera, mientras una cabra se frota y chotea a los visitantes. En el campamento colindante nos encontramos una cálida acogida con sombra, té y pastelitos de manufactura alemana, rodeados de pajaritos de colores peleándose por nuestras migas y por el agua que goteaba de una manguera.
Nos dirigimos hacia NamibRand, por una carretera jalonada de cabras entretenidas comiendo calabazas salvajes, el melón Nara, una cucurbitácea única del desierto de Namibia. Nos amenizan el viaje unos zorros “bat-eared” (zorro orejudo endémico del sur de África) que corren largo rato delante de nuestro coche. Los Ludwig’s bustard (Avutarda de Namibia) también nos escoltan un trecho. A los lados de la carretera pastan tranquilamente familias de gacelas y avestruces.

Giramos hacia Tok-Tokkie (también el nombre de una cucaracha muy habitual) abriendo y cerrando varias vallas, con Oryx corriendo a nuestro lado, hasta llegar a NamibRand, una de las reservas privadas más grandes de África, que también hay que reservar con mucha antelación. Ricard nos espera para señalarnos el camino hasta nuestro campamento, unos 5 km, mencionando que teníamos lámparas solares y que ya había alimentado con leña la caldera de agua caliente. Delante nuestro, un camino entre la hierba que se extiende hasta el horizonte. Le convencemos para que nos acompañe, incluso para cenar con nosotras, y acabamos negociando un precio para que nos haga de guía al día siguiente, descontando lo que pagamos por explorar por nuestra cuenta.
DÍA 5
La época seca es la estación ideal para ver animales, ya que se acercan a beber a los “waterholes” que han improvisado para ello. A pesar de que el parque cuenta con más de doscientas mil hectáreas y miles de gacelas, oryx, además de leopardos, hienas y algún guepardo introducido, este año han caído excepcionalmente 400 mm de lluvia contra los 100 que suelen caer, por lo que todavía hay hierba fresca y no es fácil ver muchos animales que se acerquen a beber. (Hemos visto más fuera del parque que dentro)

Nuestro campamento se encuentra entre las praderas y las dunas. Los paisajes son espectaculares. Por la tarde caminamos por las dunas hasta la puesta de sol. Lo mejor, sentirse tan lejos de todo, sin antenas ni electricidad, en medio de un impresionante silencio y un inmenso cielo estrellado. Eso sí, también un frio que nos hace arrebujarnos en nuestras mantas alrededor del fuego.

DÍA 6
Hoy decidimos no madrugar, aunque nos cambie un poco el plan de viaje. Llegamos a las 14 h a Sossus Oasis, el campamento en Sesriem, conduciendo entre gacelas, oryx y avestruces. El paisaje es único.

Este campamento está a las puertas de Sosusvlei, ya que no encontramos plaza en el campamento dentro del parque. Los alojados dentro tienen derecho a entrar una hora antes y salir una hora más tarde que los que se alojan fuera.
Si hay un lugar icónico en Namibia, es éste, patrimonio de la Unesco. Aquí visitaremos el DeadVlei y la Duna 45, además del Cañón de Sesriem.
Como llegamos muy justo para llegar a visitar las tres atracciones, convencemos a la taquillera para que con la misma entrada nos deje ver hoy el Cañón y mañana a primera hora el resto. Así nos quedará tiempo al día siguiente de hacer las 5 h que nos separan de nuestro próximo destino, Walvis Bay.

Sossus Oasis Camp Site es un campamento circular con 14 cabañas donde colocar el vehículo que tienen wáter, lavabo, ducha y fregadero. También cuenta con un pequeño supermercado, gasolinera e internet. En el medio del círculo hay una pequeña piscina con tumbonas, mesas y un trocito de césped mantenido lujosamente con riego manual.
En cuanto se ha escondido el sol ha comenzado el viento y el frío. Hemos comido temblando parapetadas detrás de la caseta de los lavabos, que, aunque hecha de troncos, para un poco el viento. Pasamos una noche infernal en medio de la tormenta de arena, luchando para que las tiendas y los toldos no salieran volando. Todo era ruido y elásticos que se rompían. En cuanto atisbamos un poco de luz, a las 5,30 h, directamente sin ducharnos plegamos las tiendas en medio del viento y el polvo, y nos encaminamos a la entrada, que abre a las 6,45 h, para ver la Duna 45, Big Daddy y Grand Mama, las dunas más altas. A pesar del luchar contra el viento para no perder el jersey o las gafas, Dead Vlei siempre impresiona por su belleza fotográfica.

El cauce de un rio seco que acaba en un lago casi sin agua es el camino para salir. Decidimos seguir hasta Solitaire Bakery para hacer un brunch con su famoso pastel de manzana. En Solitaire repostamos y seguimos a través de un paisaje inhóspito y peculiar, siempre salpicado de gacelas y avestruces. Para nuestra sorpresa, en medio de este árido paisaje, cruzamos un puente sobre un río cristalino con suficiente agua para darse un chapuzón y deshacerse del polvo y la arena acumulada.
Ya se ven gramíneas dormidas a ras de suelo, para dar paso a las pequeñas dunas que rodean Walvis Bay. Tenemos previsto acampar en Alte Brüke, a la entrada de Swakopmund, pero está completo, por lo que nos vamos a Mile 4, en la playa al final del pueblo. Aquí la cocina, el merendero y los lavabos son de uso común, que tiene la ventaja de que no tenemos que hacer turnos para ducharnos y que no se acaba el agua caliente.
Swakopmund tiene vida nocturna y lugares para bailar, pero preferimos recuperar sueño y, a pesar de la humedad, dormimos del tirón.
DÍA 7
A las 7,45 hemos concertado recogida con Ocean Adventures. No es que tenga mejor precio que otras agencias, pero no nos pareció tan masificado y además incluye la recogida en el campamento.
En el muelle los pelícanos se pasean tranquilamente entre la gente, aunque alguno no tiene reparo en arrear mordiscos. Aquí es obligado un viaje en katamarán en donde las focas acostumbran a subirse encima de los turistas en busca de su recompensa en sardinas. Los pelícanos planean alrededor de la barca para cogerlas al vuelo. La salida ha merecido la pena por la cantidad de focas en Pelican Point y el paso de ballenas y delfines muy cerca del barco. Al final de la travesía ofrecen ostras y champán en cubierta incluido en la oferta.


Nos acercamos al café-librería Die Muschel y paseamos la ciudad que realmente es muy bonita con sus casas victorianas de estilo alemán. El centro está lleno de tiendas de artesanía y mercadillos. Merece descubrir sus faros, fortaleza, paseo marítimo y su historia. Hay hermosas terrazas y bancos de colores desde donde contemplar una preciosa puesta de sol. Cenamos marisco y pescado fresco en Ocean Basket en donde hay escritos en pichinglis en la pared, aunque me informan que cerró en marzo del año pasado. Luego tomamos café en un chil-out debajo del faro, escuchando música ONONGO que luego compramos en Young One’s Music Shop. Aquí hay muchas tiendas abiertas en domingo.

DÍA 8
En este campamento hay pocos blancos y muchos locales. Por la noche hay borrachos hasta las tantas y por la mañana, a partir de las 5 h empiezan con la música en los coches. Plegamos las tiendas todavía mojadas por la constante humedad y nos vamos al centro a repostar, comprar, cambiar divisas y desayunar strudel de manzana. Una de nosotros, alemana de origen, está encantada en este país de fuerte influencia por la colonización alemana. De hecho, ha sido el último país africano en obtener la independencia en 1990.
Nos dirigimos al mercado local en el centro donde vemos gran variedad de comida local, como gusanos, tripas y carne aliñada al fuego. No nos dejan hacer fotos. A pesar de que el centro es bonito, tiene muchas barriadas humildes llenas de barracas.
A las doce salimos dirección Uis. De allí hacia Brandberg, la montaña más alta de Namibia, para ver La Dama de Blanco (White Lady). Son unas pinturas rupestres con 2000 años de antigüedad, de la etnia más antigua de África, los bushmen. Se tiene que hacer con un guía oficial. Es un paseo de unos 45 min por una quebrada con algún arroyo y gran variedad de plantas que nuestro guía Colin conoce bien, incluso alguna por su nombre botánico.

Al acabar, Colin y un compañero nos piden que los llevemos hasta sus casas y saltan al techo de nuestro vehículo. Llegamos a unas barracas donde viven con otros trabajadores. Nos presenta a su suegra y su hijo. Las gallinas corretean sueltas. Entre bromas y fotos, nos piden que les enviemos las fotos junto con alguna ropa para el crio.
El campamento para hoy, el Brandberg White lady lodge camp, es precioso, con dos piscinas, casitas con jardín, muchos árboles y jaulas con gran variedad de pájaros. También tenemos barbacoa donde cocinar hoy.
DÍA 9
Salimos dirección Khorixas. En el camino nos encontramos mujeres Himba y Herero en los bordes de la carretera vendiendo artesanía. Los precios de las pulseras son tres o cuatro veces más baratos que en la tienda. Los tocados de las mujeres Herero casadas son muy peculiares, así como sus ropas de colores y sus amplias faldas. Las mujeres de la tribu Himba, por el contrario, llevan sólo adornos en el cuerpo. Los himba rehúyen el agua, por eso su higiene consiste en embadurnarse con barro. Eso sí, no nos dejan hacer fotos si no compramos. Nos llevamos muñequitas herero y pulseras himba hechas de cuerno de vaca.
Nota: Artesanía local: ágatas, pulseras, bol de madera, pimentero/salsera tallados en hueso, telas, tallas de madera o piedra.

Giramos antes hacia Twyfelfontein, donde vemos los Organ Pipes, que nos decepcionan un poco, las pinturas rupestres y el bosque petrificado.
Lo mejor del día nos lo enseñó una mujer en la carretera que esperaba transporte para Khorixas. Nos llevó a ver árboles petrificados en otro Petrified Forest camino de Khorixas, y luego nos hizo subir una ladera para enseñarnos las plantas de 2 hojas (Welwitschia mirabilis), un fósil viviente endémico del desierto de Namibia. Me encantó este gran milagro botánico. Recomiendo documentarse sobre esta planta.

Decidimos que no merece la pena el desvío sólo para ver la Costa de los Esqueletos.
La llegada al campamento de Ongongo es un camino de tierra agreste y tortuoso sin indicaciones. Solo accesible en todo-terrenos. Nos sale el guarda al inicio del camino, que nos indica cómo llegar y nos dice que ya vendrá mañana. Por el camino pasamos cerca de un poblado donde los niños himba intentan vendernos collares y nos piden caramelos. Para llegar al campamento hay que cruzar el rio con el coche. El campamento es muy rústico y no tiene luz. Era difícil encontrar un trozo plano donde plantar la mesa y las sillas. Pero merece la pena por el baño en su poza con su cascada, sus libélulas y hasta una tortuguita. Un lugar ideal donde acabar la tarde.


DÍA 10
Solo había acampada una pareja de franceses que habían desaparecido por la mañana, por lo que al día siguiente casi nos sorprenden bañándonos en bolas los enviados subalternos de una personalidad política (la ministra de Igualdad) que viene a comer y pasar el día. Están preparando el fuego mientras el que manda se tumba y habla con nosotros. Nos comenta “No es normal que yo trabaje como esclavo para una mujer. En África eso no es normal, que una mujer me envíe de aquí para allá preparando cosas.”
Salimos después de desayunar y tenemos que poner la tracción para cruzar el rio. Por el camino vemos por primera vez niños pidiendo limosna. Compramos más leña y más artesanía por el camino. Es difícil negociar precios porque cada vez que crees haber llegado a un acuerdo, éste se deshace y hay que volver a empezar.
Camino de Opuwo vemos madoquas, unos antílopes muy pequeñitos que aquí llaman dick-dick, el sonido que hacen cuando se asustan. También nos encontramos faisanes. Pero lo espectacular fueron los enormes baobabs a lo lejos. No pudimos evitar acercarnos para fotografiarlos con una de nosotras al lado para poder tener la prueba comparativa de su tamaño.

Nos encontramos una especie de pequeñas Medulas con una terrible carretera de curvas y rieras, en un paisaje tupido de mopanes (Colophospermum mopane) un arbolito endémico.
En Opuwo llevamos el coche al taller a tensar las correas mientras nos asaltan multitud de vendedoras con sus pulseras himba. En la gasolinera el coche de al lado baja la ventanilla y nos saluda la ministra de Igualdad (Minister of Gender) que acabábamos de conocer por la mañana.
Estamos entrando en zona himba. Hay un gran hipermercado donde reponer provisiones. En la caja, delante nuestro hay una mujer himba pagando, ataviada con sus pieles y sus pechos al aire. Nadie parece sorprendido. Por la calle los guías nos ofrecen visitas a pueblos himba y hasta la venta de minas por explotar. Hay que decir que esas zonas están marcadas en negro en el mapa por la compañía de alquiler del coche, es decir, allí no te envían una grúa. Me parece bien que mantengan a los turistas apartados de esas zonas rurales donde los hombres himba todavía no están corrompidos por el alcohol, enviando a sus mujeres a pedir a los turistas para obtener dinero para cervezas, como nos encontramos a lo largo del trayecto. Y sin un coche más de soporte, es arriesgado aventurarse por esos caminos.
En algún sitio de esta localidad han hecho matanza. Por delante nuestro desfilan mujeres con valdes en la cabeza y carretillas llenas de cabezas, patas, costillares y restos deshuesados de vacas. Camino de Opuwo Country Hotel las calles bullen de gente y negocios. Es un pequeño punto comercial para toda esta zona noroeste.

El lujoso lodge al que llegamos tiene también un lujoso camping, con parcelas de césped y duchas a presión. Cada parcela tiene su punto de luz y su barbacoa. Invitamos a Debby a una coca-cola, que nos ha conseguido una plaza a pesar de estar completos y luego nos tomamos un té al borde de la piscina en compañía de Fred, el manager.
DÍA 11
Baño en la piscina, ultimar compras y camino de Epupa, a través de territorio Himba.
El coche empieza a dar tirones y nos paramos a 40 km en un grupo de casas sin nombre en el mapa, pero con escuela y hospital. Nos acercamos a un bar donde una chica que hace bizcochos con maíz y azúcar nos dice orgullosa que tiene electricidad. Nos ofrece bebidas mientras llama al mecánico. Nadie toca los refrescos después de ver cómo lava los vasos.
El mecánico hace una limpieza del polvo del motor como puede y parece que ya va bien. Se nos acerca Gosta, que nos pide llevarle hasta Okongwati.
Gosta observa perplejo como en tres ocasiones los niños himba bloquean la carretera para no dejarnos pasar hasta que les demos dinero. En tres ocasiones he conseguido sortear a los niños sacando el coche de la carretera, lo que da como resultado que todos los niños nos apedreen. Pero en la última consiguen alcanzar el coche con una piedra y freno en seco. Gosta sale corriendo del coche abroncando a los niños en su propio idioma y todos salen huyendo y riendo. Gosta se promete a sí mismo hablar con el consejo de viejos cuando llegue a su población. (Nosotros también lo comentamos con el dueño del campamento esa misma noche y al día siguiente vinieron los jefes locales a reunirse para hablar el tema. Espero que el tiempo solucione este problema con los turistas.)
Después de dejar a Gosta, las mujeres de un poblado himba nos bloquean y no nos dejan pasar si no les damos dinero. Decidimos disfrutar el momento y nos bajamos del coche. Las acompañamos a su poblado, constituido por una cerca circular y cabañas adosadas a su perímetro, una por cada esposa. En el centro del círculo se encuentra la cabaña del marido, que está durmiendo. Al cabo de un rato se presenta adormilado y contempla como espectador a sus mujeres instándonos a darles dinero. Afuera de la cerca hay dos montañas de botellas de cerveza vacías. Les comentamos que nunca damos dinero y antes de irnos les damos manzanas, pero no se dan por contentas y se quedan muy enfadadas.

A pocos kilómetros nos desviamos para visitar una escuela. El profesor se lo toma muy en serio y va todos los días a la escuela, cosa que por experiencia sé que no es muy común en muchos lugares del África negra. Nos explica que los padres no ven con buenos ojos que los niños acudan a la escuela en lugar de trabajar en casa, por eso los motivan con una comida cada vez que vienen. Aceptan donativos que registra religiosamente en un cuaderno, como intentado demostrar que no se lo embolsa y que rendirá cuentas de ello. Esperamos que, si no todo, por lo menos una parte llegue a esos niños que nos miran con grandes ojos y que nos cantan una canción bajo la dirección del profesor. Sus ropas viejas y raídas contrastan con el pulido profesor. Todos están muy flacos. No hay niveles de estudio, están juntos en una misma clase, los mayores y los pequeños.
En el trayecto que nos queda, a los lados de la carretera vemos ardillas erguidas observándonos. Es una ardilla terrestre de matorral oriunda de esta zona surafricana (Paraxerus cepapi). No sé si también esperan algo o si nos están admirando.
Después de dejar a Gosta en Okongwati, estamos a unos 100 kms de nuestro destino de acampada para la noche. Hemos de retroceder hasta la D-3701, un Trail un poco difícil incluso para un todo terreno. Antes damos una vuelta por el pueblo de Okongwati, que tiene escuela, gasolinera (sólo diesel) y un bar en el cruce, donde paramos a comprar artesanía a una chica himba en el mismo suelo. Paramos el coche para almorzar justo delante de un cementerio donde se mezclan tumbas cristianas y himbas. Nos explican que cada cabeza de ganado clavado en el árbol es un muerto debajo. Los cuernos hacia arriba es por un hombre, hacia abajo es mujer.


Nuestro destino, Kunene River Lodge, es un pequeño paraíso ajardinado con piscina y césped. Tiene muchos árboles y pájaros. No puedes dejar la comida desatendida o a mano, porque también hay monos que vienen a robarla. Tiene un muelle de madera encima del río Cunene donde puedes tomar algo viendo cómo fluye lentamente por debajo. Acampamos entre palmeras con el sonido de fondo de las cascadas que limitan Namibia y Angola. Las mangueras y los grifos de las parcelas vienen con agua directa del río, pero el agua de los lavabos está filtrada.

DÍA 12
Me despierta el cantar de los pájaros y me voy a ver la salida del sol por encima de la cascada.
Se pueden contratar rafting y excursiones por el río donde disfrutar del avistamiento de aves y cocodrilos. No es posible bañarse a causa de los cocodrilos.
Hoy nos regalamos esa excursión por el río, que nos encantó, y luego disfrutar en cubierta de bebidas y snacks a la puesta de sol.




Nota: Algunos nombres en Damara son impronunciables. Yo renombré a un guarda del Opuwo Country Hotel como Kati, ya que era algo así como katiltiriba. Colin nos explicó que en lengua damara algunas palabras tienen diferente significado si haces un chasquido delante. Nos lo indicó con el signo # delante del nombre de un pueblo si queríamos que nos entendieran.
DÍA 13
Tumbada en la cama al despertar he intentado diferenciar los diferentes sonidos de pájaros que escucho alrededor y he contado hasta 14. Mis compañeras no se animan a hacer rafting y prefieren destinar un día extra a descansar. Seguramente será el lugar más tranquilo y cómodo para acampar en lo que nos quede de viaje. El plan de viaje contempla dos días comodín, pero como vamos cumpliendo bien las etapas, nos podemos permitir un día de relax.
En nuestra ruta nos quedan tres noches en el camino hasta llegar a la Reserva Etosha: las de Nakambale, Ombili-Siftung y Treesleeper, en los que nos empaparemos un poco de tradiciones locales antes de llenar nuestros ojos de animales en Etosha.
De momento hoy nos regalamos con una excelente cena en el muelle sobre el río con una buena carne acompañada de chips de boniato y canela, y una ensalada de zanahorias, pasas y piña.
Algunos de los árboles nativos que me fascinaron en el campamento:
- Leadwood (Combretum imberbe) un árbol que resiste las termitas.
- Jackal-berry (Diospyros mespiliformis) el ébano africano.
- Fig-tree (Ficus sycomorus)
- Makalani Palm (Hyphaene petersiana), el marfil vegetal. Encontrarás sus frutos tallados que venden como llaveros y donde pueden grabar tu nombre.
- Y por supuesto el Wunderboom, el árbol maravilla.
- También me encantaron las gardenias arbóreas.
DÍA 14.
A las cinco y media, cuando amanece, empezamos los preparativos para la marcha. Cada mañana hay que plegar y cerrar las pajareras en lo alto del coche y recoger todo después de preparar el desayuno.
A pesar de estar en la zona negra del mapa, nos arriesgamos a llegar a Nakambale a través de Ruacana, que nos ahorra una gran vuelta en kilómetros, pero ojo, no en tiempo, ya que hicimos el camino a una media de 20 km/hora. En algunos lugares tuvimos que bajar a vadear el agua con un palo a ver si podíamos cruzar. En otros tuvimos que rodear la carretera a través de los campos. En alguna de estas paradas nos avistan desde los poblados y niños himba vienen corriendo para luego quedarse parados observándonos. Nos ven beber agua embotellada con curiosidad y la compartimos con ellos.

Durante todo nuestro viaje por Namibia hemos parado siempre a recoger gente por el camino. Es una buena manera de tomar contacto con los locales. Con más motivo en esta carretera poco transitada, en la que sólo nos hemos cruzado con unos moteros. En una de las paradas establecidas de transporte, que sólo ellos distinguen, nos encontramos a un hombre y una mujer con un bebé. Sólo nos cabe una persona atrás, así que le damos prioridad a la mujer. Por señas y entre risas aprendemos que se llama Setina. Al llegar a su poblado me quiere pagar el viaje. Insiste y rehusamos. Entonces se quita una de sus pulseras y me la pone. Es genuina, comparada con la gente de las carreteras transitadas por turistas. No es de etnia himba, no se unta el cuerpo con barro, dice que es oahemsi, o eso creímos entender, por lo que supongo que se refiere a Ovatjimba o Ovazemba, que son las etnias de la zona Kunene.

Ruacana no merece la pena. Después de que hicieron la presa, sus cascadas están secas ya a mediados de junio.
Después de Ruacana cogemos a un hombre con unos machetes y luego a otra mujer hemsi muy simpática que habla un poco de inglés.
Ahora tenemos un canal de agua, que viene del embalse del Kunene, por un lado de la carretera y una vía férrea por la otra. Una carretera bastante aburrida. Antes de Nakambale encontramos Oshakati, una ciudad más grande y nos paramos en Ongwediva, pasado Oshakati, para comprar en Shoprite.
Acampamos en Nakambale, que nos pareció muy abandonado, y donde por poco dinero puedes visitar el poblado y el museo, que nos pareció deprimente. No sé si habrá mejorado después de nuestra visita.
DÍA 15
Me despierta la radio del segureta, que ha puesto un bafle fuera de su choza. Me acerco y la apago.
Hoy visitamos la fundación Ombili (alemana) y hablo con Mr. Scholtz para colaborar en un proyecto de riego para la enseñanza agrícola. También enseñan oficios sencillos y tienen una escuela con 500 niños. Han montado también un poblado para algunos de los padres de esos niños.

Un voluntario nos hace una visita guiada por los campos de cultivo, acabando en la tienda de artesanía donde hacemos nuestra aportación. Me llevé un recopilatorio fascinante de cantos de los bushmen, con coros polifónicos muy antiguos. Se caracteriza por ritmos de palmas complejos y a destiempo, cantos vocales pulsantes, rítmicos y repetitivos, a varias voces y, a veces, el uso de instrumentos simples como el arco de boca o la mbira.
También me llevo semillas de Hibiscus sabdariffa, una variedad africana muy interesante.

Dormimos en el campamento de Treesleeper, el único que hemos encontrado hasta ahora gestionado por nativos. Tiene cierto aire para las comodidades turísticas y también cierto arte rural que nos encanta. Pero ojo porque sólo hay un lavabo bastante alejado para 6 áreas de acampada y no hay agua caliente.
Tienen una oferta de actividades que hay que reservar con un cierto tiempo, por lo que optamos por una danza local que pueden concertar en dos horas con el poblado cercano. Llegamos a tiempo de ver cómo se preparan y se pintan para la ocasión, mientras nos instalamos en las cuatro sillas que nos han dispuesto delante del fuego. A una de mis compañeras la danza y el ritual le parecía una engañifa, porque iban con taparrabos, pero con camisetas. El chamán nos pasó un manojo de algo por la cabeza durante el ritual. Yo me documenté más tarde y escuché las canciones que había comprado por la mañana y me pareció muy auténtico, precisamente por lo precario del montaje.

Nota: Los Bushmen (San o Bosquimanos) son considerados la etnia más antigua de África. Sus cantos y danzas son expresiones tradicionales profundamente conectadas con la espiritualidad, la naturaleza y la cohesión social. Se caracterizan por ser polifónicos, rítmicos y a menudo acompañan danzas curativas o rituales, como la famosa «danza del trance» o «danza del fuego», utilizada para sanar y unificar a la comunidad.
El paisaje en esta zona es un matorral bajo infinito, pero penetrable, donde me imagino a los bosquimanos cazando sin poder ser avistados.
DÍAS del 16 al 19
ETOSHA
De camino cogemos a un trabajador en Tsintsabis y luego a un porteador que trabaja en Namutoni, el primer campamento en Etosha. En Etosha hay hasta seis campamentos, pero los principales son Okaukuejo, Halali y Namutoni. Se paga por cada día de acampada. Hay diferentes opiniones sobre cuál es el mejor para alojarse o para avistar animales. No encontramos plaza en Okaukuejo, que tiene una poza incluso con focos por la noche, para ver animales, por lo que reservamos en Halali, donde hay pocas duchas, pero tiene piscina. La tienda nos pareció poco surtida.

Es la época seca, donde hay más posibilidades de ver animales. Realmente hay que pasar varios días, porque, aunque el censo no es tan alto como en otros grandes parques de África, ver animales depende de la suerte, y nada te garantiza que ni el primer día ni el segundo vayas a ver muchos. A diferencia de mi visita al parque Kruger, donde sólo tenías que sentarte delante de las pozas de los campamentos a ver desfilar todo tipo de animales que iban a beber, aquí han sido ratos por la noche bastante aburridos sin ver nada. Y eso que la cuenca del Etosha está completamente seca en estos días. Pero en nuestros recorridos a otras pozas del parque sí que pudimos disfrutar de la visita de muchos animales.




La velocidad límite para circular dentro del parque es de 60 km/h, aunque por precaución con los animales es conveniente ir más despacio. El parque cuenta con algún punto donde ir al lavabo, en donde tienes que poner atención, ya que tienes que bajar del coche para abrir y cerrar la verja que los rodea. Los campamentos cierran a las 17:40, con lo que, a la mejor hora del atardecer para ver animales predadores, tienes que estar de vuelta. Y no es nada recomendable acampar fuera por la noche. Nosotros nos despistamos una tarde viendo animales y no calculamos bien el trayecto de vuelta, con lo que, muy a nuestro pesar, tuvimos que saltarnos el límite de velocidad para llegar a tiempo. Lo increíble fue que vimos más animales en ese trayecto que en todos los días juntos, debido a dos motivos: La hora que muchos animales salen por la noche después del calor y que no nos veían venir con tiempo para esconderse.




El primer día hicimos la parte norte y el segundo día la parte sur. Reconozco que, en mi guía de la fauna del parque, marqué bastantes vistos y algunos raros de ver. Saliendo del parque, el broche de oro. Paramos el vehículo para dejar pasar a dos leonas con dos cachorros cada una.
Llegamos a Windhoek a tiempo de devolver el vehículo y recuperar la fianza tras un largo proceso de revisión. Propongo gastar los últimos dólares namibios en el restaurante tradicional Penduka, donde se come con la mano sentados en el suelo. Mis compañeras no se animan.
DÍA 20
Me voy yo sola a visitar una barriada que recomiendan como muy local y aprovecho para hacerme unas trencitas en un mercadillo. Como soy la única blanquita esperando por unas trenzas africanas, las muchachas ríen agachándose y tapándose la boca.

Adiós Namibia, país sereno y salvaje.